Reflexionar sobre la concepción de la evaluación ¡Vamos a la Evaluación para el Aprendizaje!

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Reflexionar sobre la concepción de la evaluación

¡Vamos a la Evaluación para el Aprendizaje!

(*)Delia Rodríguez Fernández.

Es necesario discutir sobre evaluación, porque la evaluación permea todos los procesos del sistema educativo, nos guste o no. Lo que no se evalúa, se estanca y no tienen argumentos para su mejora. Pero, “evaluar no es calificar”.

La evaluación para el aprendizaje invita al docente y al estudiante a trabajar la evaluación como parte del proceso de enseñanza y aprendizaje. El docente debe enseñar más que contenidos, que el estudiante, lo único que aprende es a memorizar. Es una invitación a aprender y comprender, donde la libertad de pensamiento puede manifestarse sin temor a ser cuestionada. En ese compartir –coevaluación- los grupos crecen logrando mejorar en actitudes, aptitudes.

Cuando hablamos de la evaluación del aprendizaje, todos entramos en conflicto y el docente adquiere un poder de sometimiento y control. Sé por experiencia vivencial, que ya no estudiamos para aprender sino para responder lo que el docente quiere, ya que sino aplazamos el curso, la tarea el semestre…

Por lo tanto, es necesario plantearse una “Evaluación para el  aprendizaje” esto cambia el poder del docente como controlador de la calificación para aprobar o reprobar. Ahora es el estudiante, quien apoyado por su docente, aprende que la evaluación es para su crecimiento, que es responsable de su aprendizaje, que llegará a la meta que se proponga.

Lo anterior, no es nuevo, pues la autoevaluación y la coevaluación existen desde hace mucho tiempo, el problema es que los docentes no lo utilizan en el momento de tomar la decisión final del proceso evaluativo-administrativo. En general, el maestro considera que es el único que tiene la “formación” para juzgar lo que sabe o no sabe el evaluado. La verdadera responsabilidad del docente –en la evaluación- es guiar al estudiante en los procesos de autoevaluación y coevaluación, con criterios establecidos entre todos.

Los formadores de futuros docentes, deben ser los primeros en reflexionar en el cómo están evaluando. La filosofía de la educación, comenzando con la filosofía analítica hasta la filosofía práctica, son las herramientas idóneas para pensar en la evaluación para el aprendizaje.  Es desde esta reflexión, que se puede, dejar de evaluar el aprendizaje, para vivenciar la evaluación para el aprendizaje.

Para ampliar la información: La concepción de la evaluación. Discutir sobre evaluación, más allá de lo instrumental y calificativo. https://deliarodriguezinvestigacion.wordpress.com

(*) Delia Rodríguez Fernández. <La autora, es personal académico de la Universidad Nacional Abierta de Venezuela. Estudiosa del Doctorado Latinoamericano en Educación. Políticas Públicas y Profesión Docente. Sede Venezuela.

Publicado en  PESAR EDUCATIVO

http://www.24-7digital.com/contenido_detalle.php?id=20274

Pensar Educativo

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Delia Rodríguez Fernández

27/06/2017 | 08:00:00

Es necesario discutir sobre evaluación, porque la evaluación permea todos los procesos del sistema educativo, nos guste o no. Lo que no se evalúa, se estanca y no tienen argumentos para su mejora. Pero, “evaluar no es calificar”.

La evaluación para el aprendizaje invita al docente y al estudiante a trabajar la evaluación como parte del proceso de enseñanza y aprendizaje. El docente debe enseñar más que contenidos, lo cual desvía al estudiante hacia la memorización. Por ello, la evaluación debe ser una invitación a aprender y comprender, donde la libertad de pensamiento puede manifestarse sin temor a ser cuestionada. En ese compartir –coevaluación- los grupos crecen logrando mejorar en actitudes y aptitudes.

Cuando hablamos de la evaluación del aprendizaje  todos entramos en conflicto y el docente adquiere un poder de sometimiento y control. La experiencia nos demuestra que ya no estudiamos para aprender sino para responder lo que el docente quiere, o sea,  aplazamos el curso,  reprobamos la “tarea”, perdemos el semestre,  o simplemente incumplimos el acto evaluativo que tenemos pendiente.

Por lo tanto, es necesario plantearse una “Evaluación para el aprendizaje”, es decir, cambiar el poder del docente como controlador de la calificación para aprobar o reprobar. Por el contrario, debería ser el estudiante, quien apoyado por su docente, aprenda que la evaluación es para su crecimiento, que es responsable de su aprendizaje, que llegará a la meta que se proponga.

Lo anterior, no es nuevo, pues la autoevaluación y la coevaluación existen desde hace mucho tiempo, el problema es que los docentes no lo utilizan en el momento de tomar la decisión final del proceso evaluativo-administrativo. En general, el maestro considera que es el único que tiene la “formación” para juzgar lo que sabe o no sabe el evaluado. La verdadera responsabilidad del docente –en la evaluación- es guiar al estudiante en los procesos de autoevaluación y coevaluación, con criterios establecidos entre todos.

La evaluación también tiene el componente de heteroevaluación, el cual viene a ser otra forma de análisis profundo sobre las realidades, espacios experimentales o cualquier situación del conocimiento vinculada con las formas que afectan directa o indirectamente nuestras dimensiones sociales. La heteroevaluación es una forma complementaria de evaluación que brinda una mayor participación de (auto)crítica y aportes para los procesos de aprendizaje, en virtud que abarca a toda la sociedad del conocimiento. En ella se manifiestan no sólo diversas formas de pensamientos, sino incluso se deconstruye el debate como forma intrínseca para la generación epistemológica y pragmática.

La evaluación debe ser rediseñada, replanteada y también reevaluada. Los actuales conceptos y su trillada concepción no pueden seguir anclados en una simple visión numérica o por clasificación de letras, o en afirmar quien está “aprobado” o “reprobado”. La evaluación debe convertirse en una herramienta que gradualmente genere los aspectos esenciales para el crecimiento axiológico, intelectual y de complejidad pensativa en los educandos.

En síntesis, los formadores de futuros docentes, deben ser los primeros en reflexionar en el cómo están evaluando. La filosofía de la educación, comenzando con la filosofía analítica hasta la filosofía práctica, son las herramientas idóneas para pensar en la evaluación para el aprendizaje.  Es desde esta reflexión, que se puede dejar de evaluar el aprendizaje, para vivenciar la evaluación como una parte complementaria del aprendizaje.

 

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